domingo, 21 de junio de 2026

MIRANDO DESDE LOS 70 AÑOS...

Anoche que me quedé sin batería en mi libro electrónico y tuve que dejar la apasionante lectura del último libro, “Enviado Especial”, de mi admirado Pérez Reverte. Apenas había cogido la postura en la almohada cuando me di cuenta por el reloj de que acababa de cumplir 70 años y para celebrarlo decidí, ya casi con el sueño encima, recordar, por una vez, todo lo bueno que me había pasado en la vida, exclusivamente lo bueno. Cosa rara en mí que soy un pesimista confeso.

Por mi mente, fueron pasando como si fuese una película las escenas con mis dos abuelas, Juana y Vicenta, que tanto significaron en mi vida llenándola de dulzura.

Vi a mi padre y a mi madre, jóvenes y guapos, bailando un tango en una feria de las de entonces.

Recordé las muchas horas que pasé jugando con mi hermano Juanma con aquellos “Juegos reunidos Geyper” o jugando al fútbol en el garaje de mi casa.

Mi vi en aquel mi primer partido de minibasquet metiendo mi primera canasta y agradecí al baloncesto los buenos ratos y los buenos amigos que como Ángel o Luisma aún conservo.

Sentí como me turbaba aquel día que apenas mudado en mi nueva casa del Barrio de la Victoria me crucé con una chica preciosa con un vestido rosa, unos ojos verdes que desde entonces nunca me canso de mirar y una sonrisa capaz de iluminar mis días más oscuros. Sentí el calor de su mano la primera vez que la acaricié o aquel primer beso en el cine Nacional.

Me vi subiendo al escenario del teatro del Instituto para recoger como premio por ser buen estudiante mi primer libro de Antonio Machado. Hoy tengo sus obras completas.

Me escuché cantando orgulloso el Himno de Infantería en la Academia toledana o la sensación de responsabilidad y compromiso cada vez que me ponía el uniforme de Regulares sabiendo que deber, patria y honor eran valores que había de guardar como un tesoro para siempre.

Volvía a verme con mis dos hijos, el regalo más grande de mi vida, cogidos de mis manos paseando por el parque o cuidándolos mientras correteaban por el mismo parque infantil en el que yo jugaba de pequeño. Recordé sus caras de asombro cuando aquella madrugada fuimos a ver a los ciervos en Cazorla y aún de noche nos cruzamos con un ciervo enorme que se nos quedó parado delante del 4x4.

Mi vi rodeado de mis niños, mis alumnos, sintiendo su cariño y consuelo en en forma de abrazos aquellos dos tristes días cuando volví a clase tras las muerte de mis padres. También me escuché cantando “Color esperanza” en una de aquellas desdepedidas de curso en las que emocionado yo pedía al Dios de todos que bendijera a mis alumnos e iluminase sus caminos.

Recordé mi primer todoterreno, mi Isuzu, el mejor coche de todos los que he tenido que nos llevaría a hacer grandes  viajes familiares con nuestros amigos Javier y Mariví.

Como no, volví a sentir en mi cara aquel sol en la Plaza del Pilar en Zaragoza, formado como Veterano de Regulares que con tanta emoción relato en mi libro “Recordando los caminos”. También me vi con mis hermanos veteranos de Regulares desfilando por la Avenido aquel Difas que siempre agradeceré me permitieron ir de acompañante con nuestro guión.

Y cuando ya creía no poder alcanzar el sueño de ser abuelo, me ví con una niña maravillosa en los brazos con la camiseta de mi Atleti …

Sentí a mi mujer a mi lado, una noche más, y volví a dar gracias a Dios, rogándole que nos dejara todavía seguir uno al lado del otro muchas noches.

Por todo ello y a todos los que contribuyeron a ello, muchas gracias.

Amén.